La venganza de Cristiano: así le sacaron de quicio los españoles en Sudáfrica

Versión para impresoraEnviar a un amigoVersión en PDFEl Economista. Formalmente el encuentro que medirá de nuevo a ambos países esta noche en Lisboa (22:00), será un ejercicio de diplomacia en el césped. Un amistoso para potenciar la candidatura Ibérica al Mundial 2018 o 2022.
Sin embargo, en el corazón de nuestros vecinos palpita un ánimo de venganza, de orgullo herido que quiere recuperar un trocito de lo que aquel día perdieron con un gol (otro más) de David Villa. Deseo que es mucho más ardiente en Cristiano Ronaldo. Alguien como él difícilmente olvida una cita tan aciaga. "Como si no le conociéramos" Todo comenzó en el hotel de concentración de la Selección Española en Potchesftrom, el pequeño pueblo que acogió durante todo el Mundial a los posteriores campeones del Mundo. Allí, los jugadores del Real Madrid (Casillas, Sergio Ramos, Albiol, Xabi Alonso y Arbeloa) se reunieron en el comedor un día antes de la cita para planear una estrategia que sacara del partido a la mega-estrella blanca.
Sabedores de su carácter competitivo, necesitaban una fórmula que le sobre-revolucionara en césped hasta volverlo loco. Cuentan que uno de los más veteranos fue el precursor de la idea: "No vamos a darle ni bola. Nada de nada", dijo. El resto de los presentes aceptó la idea. Ya había plan.
Los internacionales acordaron pasar de CR7 desde el primer contacto hasta que el partido terminara. "Como si no le conociéramos. Como si le odiáramos. Ni mirarle", repetían entre sí. Un método que, para hacerlo más intenso, no repetirían con otro compañero blanco en el conjunto portugués.
En el túnel de vestuarios, cuando ambos equipos estaban a punto de saltar al terreno de juego del Green Point, Pepe recibió abrazos, saludos y sonrisas. Cristiano no. "A Cristiano, ni agua". Saludo frío, obligación FIFA No faltaron oportunidades para que se rompiera el plan. De hecho, Casillas y Ronaldo se colocaron a la par cuando ambas formaciones saltaron por fin al césped. Ni por esas. No se cruzaron la mirada.
La norma sólo la rompió la FIFA. Portugal, como de costumbre, saludó uno por uno a los españoles en los compases previos en una ceremonia que impone el organismo. Más allá de eso, nada.
Ahí comenzó la noche negra para el luso. La estrategia del rechazo funcionó a las mil maravillas.
Los jugadores blancos no fueron los únicos que sabían del plan. El resto de internacionales fueron informados del asunto y hasta Vicente del Bosque conocía el asunto. "Está bien, hombre, esto es fútbol y dentro de los límites de lo correcto, no pasa nada por intentar hacer un poco de guerra psicológica", dijo ayer el seleccionador.
El final, por todos es conocido: Portugal eliminada, Cristiano criticado por su falta de efectividad y el delantero, desesperado, escupiendo a los cámaras y pasando de los periodista en la zona mixta post partido.
Por eso, por mucho que el Estado da Luz de Lisboa se vista hoy de fiesta ibérica, uno de sus protagonistas querrá convertirlo en el día de la venganza. El día en que le haga olvidar aquella noche de verano en la que Cristiano perdió como nunca antes los nervios.